DECLARACIÓN
El poder en el mundo atraviesa una mutación peligrosa. No se trata de una desviación coyuntural del Estado de derecho en el ámbito internacional, sino de una reconfiguración estructural de las normas conocidas. Es la ruptura del viejo y nunca equilibrado espacio de reglas políticas y económicas que está siendo sistemáticamente irrespetado. Las convenciones que intentaban normar las relaciones internacionales se suspenden, al arbitrio de los poderes imperiales, para pisotear la vida.
El estado de desorden global tiene como uno de sus ejes a Donald Trump, presidente de Estados Unidos, y sus aliados. Un mundo ya bastante militarizado y marcado por la destrucción de pueblos y la naturaleza está cada vez más en conflicto, ya que para el imperialismo de Trump no hay soberanía posible que no sea la de Estados Unidos. Si durante 2025 vimos sus guerras económicas a través de aranceles, en los últimos meses la violencia se ha hecho cada vez más explícita: asesinatos, deportaciones y desapariciones de migrantes por parte del ICE; la invasión violenta de Venezuela y el robo de su petróleo; la amenaza al pueblo de Groenlandia; las acusaciones sin fundamento contra el presidente colombiano Gustavo Petro; intervenciones en el conflicto en Irán; además del apoyo continuo al régimen de Benjamin Netanyahu en Israel, que sigue masacrando a palestinos en Gaza y Cisjordania.
Pero esta no es la única estrategia que utiliza el gobierno de Trump en su avanzada neoimperial. También apoyó a Javier Milei, mediante un salvataje económico que le valió al actual presidente argentino el triunfo en las elecciones de medio término en octubre pasado. Milei, que profesa un alineamiento ciego con Trump, acaba de firmar un acuerdo sobre minerales críticos con Estados Unidos, mientras avanza radicalmente contra los derechos laborales en Argentina, y pronto lo hará sobre los glaciares, para entregarlos a las corporaciones mineras. Asimismo,Trump celebró la elección de José Antonio Kast en Chile como un camino para la expansión de la derecha fascista en las Américas. Las elecciones en Honduras demostraron que está dispuesto a intervenir en esos procesos, lo que enciende las alarmas también en Brasil y Colombia, países que tendrán elecciones presidenciales en 2026. Mientras tanto, Nayib Bukele sigue siendo el escudero fiel de Trump en El Salvador, promoviendo verdaderos horrores contra los detenidos en la prisión CECOT. Ahora, Trump ha dado un paso más, aprovechando la apropiación colonial sobre el petróleo venezolano y décadas de un bloqueo criminal contra Cuba, para terminar de asfixiar al pueblo cubano, dejándolo cada vez más sin energía y sin provisiones.
Las políticas que Trump ha desarrollado, interna y externamente, están marcadas por el capital fósil, el negacionismo climático, la supremacía blanca y el desprecio hacia las mujeres. Su relación con el criminal Jeffrey Epstein no fue meramente ocasional, y es por eso que su gobierno se ha empeñado en entorpecer las investigaciones y confundir al público con los millones de documentos y datos relacionados con la vida de Epstein. Además, la relación entre Trump y los multimilmillonarios de Silicon Valley es cada vez más estrecha . Como si no bastara con Elon Musk, sabemos que Mark Zuckerberg y Bill Gates son figuras cercanas al presidente milmillonario, y juntos perfeccionan su agenda de control informacional, censura, explotación de datos y, por supuesto, la garantía de acceso a recursos energéticos, minerales e hídricos para los megacentros de datos que sus conglomerados utilizan alrededor del mundo.
Otra vez, el pueblo latinoamericano y caribeño se encuentra en una encrucijada. Si por un lado nuestros ecosistemas y territorios son amenazados por un desarrollismo avasallador, que hace grandes promesas al pueblo pero entrega injusticia y zonas de sacrificio, por el otro tenemos un imperialismo fascista cada vez más articulado y que revela que los pactos del derecho internacional hechos en el pasado ya no se sostienen más.
Las potencias convierten a la economía en un campo de guerra y llaman “sanciones” a lo que en realidad es castigo colectivo, que se impone como una estrategia de crueldad sobre el conjunto del pueblo cubano. El bloqueo contra Cuba es una tecnología de sufrimiento planificada que viene imponiéndose desde hace décadas. No solo busca rendición mediante el hambre cerrando los océanos a alimentos, o controlando la escasez energética sin el petróleo de Venezuela, o precarizando aún más la vida sin acceso a medicamentos e instrumental quirúrgico, con bebés que mueren en incubadoras desconectadas. Más allá de que cuestionemos políticamente al régimen de Cuba, no podemos permanecer impasibles ante esta estrategia imperial que propone la dominación geopolítica total, exacerbando el sufrimiento de los pueblos. Provocar una crisis humanitaria para obtener obediencia política constituye una forma contemporánea de guerra que no podemos normalizar.
Desde el Pacto Ecosocial e Intercultural del Sur levantamos nuestra voz contra esta agresión que pretende quebrar la voluntad de un pueblo que ha defendido su derecho a decidir su destino. Cuando se normaliza la asfixia de una nación entera, se erosiona la posibilidad misma de convivencia entre los pueblos. Lo hemos visto claramente en la invasión a Venezuela y el ejercicio de dominación al más alto nivel político: se está instalando la idea de que la soberanía es negociable y que la vida puede administrarse según intereses imperiales.
Frente a esa lógica de muerte, afirmamos la solidaridad con la vida.
Desde el Pacto Ecosocial e Intercultural del Sur luchamos contra todo tipo de atropellos y autoritarismos, como los que desatan las acciones imperiales contra la soberanía de nuestros países, los extractivismos contra los derechos de la Madre Tierra, los patriarcalismos contra los derechos de las mujeres y las diversidades sexuales, los colonialismos contra los derechos de los pueblos, las explotaciones contra los derechos de los trabajadores y los campesinos. La injerencia prolongada e intensiva en los procesos electorales lleva al poder a gobiernos que hoy confiscan derechos básicos para la vida.
Por eso nos solidarizamos con el pueblo cubano, con su persistencia, con su dignidad, con su memoria de internacionalismo. También con quienes dentro de los Estados Unidos resisten el militarismo, el racismo y el mandato de dominación. Los pueblos no son sus gobiernos: más allá del desmoronamiento del derecho internacional, los pueblos pueden encontrarse y cuidarse.
Sostenemos que la lucha contra el bloqueo y la asfixia a los pueblos es inseparable de la defensa de la Madre Tierra. El imperialismo que arremete contra Cuba es el mismo que depreda territorios, expulsa comunidades y convierte ecosistemas en zonas de sacrificio. Una crisis humanitaria inducida no es solo un ataque a un país: es un golpe directo contra la trama de la vida, contra la especie humana y contra cualquier futuro compartido.
Por eso exigimos el fin inmediato del bloqueo.
Exigimos relaciones basadas en el respeto, la cooperación y la justicia. Apostamos por la vida y no por estrategias punitivas, cualesquiera que sean. Creemos que sólo la cultura de los cuidados, la solidaridad y las alternativas diversas tejidas desde, con y para la diversidad tienen la capacidad de sostener la vida en el planeta.
Es hora de actuar propiciando vidas mancomunadas e interrelacionadas, espacios comunes cohabitados por lo plural y la diversidad, con horizontes construidos colectiva y soberanamente, para resistir el autoritarismo y construir simultáneamente sociedades de vida digna.
“Buscamos la solidaridad no como un fin sino como un medio encaminado a lograr que nuestra América cumpla su misión universal”
José Martí
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